martes, 25 de octubre de 2011

Gil-i-pollas

¿Os habíais preguntado de donde viene la palabra? Si os soy sincera, yo NO… pero al recibir, hoy, este correo… no puedo por menos que compartirlo… curiosa historia del “palabro”


En Madrid hay una calle llamada de Gil Imón, haciendo de travesaño entre el Paseo Imperial y la Ronda de Segovia, para más señas. Es una calle dedicada al que fue alcalde de la capital, D. Gil Imón, en los tiempos en que el duque de Osuna organizaba sus célebres bailes, a los que acudía la alta sociedad, para poner en el escaparate familiar a jovencitas de la buena cuna, como oferta casadera. A las damitas de entonces se les aplicaba el apelativo de "pollas", que en el Diccionario de laReal Academia Española llevan, como cuarta acepción, figurada y familiarmente, el significado de jovencitas, algo que hoy prácticamente se ignora. La polla de entonces no tenía nada que ver con el significado de morbosas connotaciones por el que ha sido sustituido ahora.

El tal Don Gil era un personaje de relieve (la prueba está en que tiene dedicada una calle) y su nombre aparecía frecuentemente en los ecos de sociedad de las revistas del corazón de la época. El hombre se sentía obligado a responsabilizarse de sus deberes familiares, como buen padre. Tenía dos hijas en edad de merecer, feúchas, sin gracia, y bastante poco inteligentes. Y se hacía acompañar por ellas a absolutamente todos aquellos sitios a los que, invitado como primera autoridad municipal, tenía que acudir.

 -¿Ha llegado ya D. Gil?
 -Sí, ya ha llegado D. Gil y, como siempre, viene acompañado de sus pollas.

Mientras D. Gil se encargaba de atender las numerosas conversaciones que su cargo de alcalde comportaban, sus pollitas iban a ocupar algún asiento que descubrieran desocupado, a esperar a que algún pollo (o jovencito) se les acercase, cosa que nunca sucedía. La situación, una y otra vez repetida, dio lugar a la asociación mental de tonto o tonta con D. Gil y sus pollas.

¿Cómo describir esa circunstancia tan compleja de estupidez? Los imaginativos y bien humorados madrileños lo tuvieron fácil: para expresar la idea de mentecato integral e inconsciente ¡Ya está!: Gil (D.Gil)-y-pollas (las dos jovencitas hijas suyas) = gil-i-pollas. Cundió por todo Madrid, que compuso esta palabra especial, castiza, nacida en la Capital del Reino y, después exportada al resto de España, ganándose a pulso con el tiempo el derecho de entrar en la Real Academia Española

domingo, 2 de octubre de 2011

Te Perdono Porque Te Quiero, Me Alejo Porque Me Quiero

Cada noche, al cerrar la puerta de su habitación le venía a la cabeza el recuerdo de aquella última noche.



Repasaba todo lo que había pasado intentando comprender porque había acabado todo así. No buscaba culpables sólo intentaba encajar las piezas de aquel puzzle.

Después de los días tan duros que había pasado ese momento le estaba resultando de lo más relajante, agradable y tierno. Estar abrazados, estar acariciando su cuerpo como demostración de afecto, de cariño, sin ninguna connotación sexual la terminó de enamorar de él. Estuvo a punto, un par de veces, de decirle aquellas palabras mágicas: “Te quiero”, aunque hubo algo en su interior que no se lo permitió, quizás intuía que tantos días en calma sólo podía presagiar una gran tormenta.



No se confundía, sin saber muy bien cual fue el detonante, para esta ocasión, comenzó la tormenta, la peor de todas las vividas a su lado. En ningún momento temió por su integridad física pero la intensidad verbal y sus demostraciones llegaron a unos niveles increíbles.

No podía argumentar nada en su defensa, no podía repeler esos ataques verbales sólo podía pensar “Ya he vivido algo parecido en el pasado y no quiero volverlo a vivir” y empezó a blindar poco a poco sus sentimientos.



Una pregunta vino a su cabeza: “¿Quieres que te ayude a que me hagas desaparecer de tu vida?”, se la pregunto varias veces hasta que consiguió una respuesta: “Si”.

Él estaba herido por el error que ella había cometido, se lo había repetido una y mil veces.

Ella no le diría lo que le llegaron a herir sus palabras. Como cada frase le desgarraba más que la anterior. No podrá decirle que el abrazar a alguien que aprecias no es porque se busque restregarse. No podrá decirle que si pensaba que los tíos que la conocen sólo se acercaban para intentar echarle un polvo es que no valoraba ni veía el resto de las cualidades que ella poseía. No podrá decirle que su objetivo en la vida no es buscar una polla, su objetivo es vivir, disfrutar, amar, aprender, viajar... e intentar ser feliz. No podrá decirle que si ha tenido y tiene amor en su vida. No podrá decirle… ¡¡¡hay tantas cosas que no le dirá!!! Pero, sobre todo, no podrá decirle que las palabras también hieren, que una vez pronunciadas, aunque luego se pida perdón, ya han dejado su herida.



Sonríe al recordar una frase que él le repetía “Sólo os gusta que os traten mal, cuanto peor os tratan más enganchadas estáis de ellos”… resulta que iba a tener razón si no… ¿Cómo se entendía que estuviera enamorada hasta las trancas de él?