miércoles, 14 de octubre de 2009

De Jefes, Jefazos Y Jefecillos


Hoy he recibido mi vida laboral, gentileza de la Tesorería General de la Seguridad Social, lo que me ha hecho acordarme de esos jefes, jefazos y jefecillos que han pasado por ella.


En el primer puesto, de trabajo, al que accedí no tenía un jefe si no tres. El primero de ellos, el que me seleccionó, se me descalzó con un “Me tiene que llamar Señor Xxxx”, aunque cuando lo veías acudir al curro un día cualquiera (que eran bastante a menudo cada semana) a eso de las 11, con las gafas de sol puestas y un resacón del trescientos veinticinco, notabas que esa etiqueta de Señor le quedaba algo grande. Al segundo, de ellos, lo llamábamos por su nombre (salvo cuando había un cliente, claro) pero este era bastante traidor, en cuanto te dabas media vuelta tenía el puñal preparado para clavártelo. El tercero siempre estaba en el curro cuando llegábamos y se quedaba cuando nos íbamos, era resolutivo, a este si que lo trataba de Señor porque se lo merecía; por desgracia, un tiempo después se jubiló y accedió a su puesto un trepa con el que no hicimos demasiadas buenas migas.

Decidí abandonar el barco antes de que se hundiera y llegué a otra empresa. Ese jefe pintaba de otras trazas… vamos, que si te descuidabas te metía mano. Durante unos 10 días la cosa fue, más o menos, bien, yo sacaba el trabajo y él intentaba arrimarse, hasta que se dio cuenta de que no iba a poder cumplir con su objetivo, desde ese momento empezó a ponerme trampas, gritaba por cualquier cosa (sin razón)… amos, que le importaba una mierda si el trabajo salía o no. Por aquel entonces el tema del acoso sexual estaba despertando, si esto me llega a pillar a día de hoy otro gallo le hubiera cantado.

He tenido jefes que eran mis jefes pero, a la vez, no lo eran (es lo que tiene estar trabajando en un sitio contratada por otros). En alguna ocasión hasta se disculpó por tenerme que mandar un trabajo que mis jefes (los que me pagaban) habían pedido que hiciera.

Tuve un jefe que me daba mucho miedo, siempre estaba en su papel de Jefe Jefe (como esos padres de antes que al llegar a casa se ponían su disfraz de Padres Padres y pasaban de ser divertidos a ser autoritarios). Cuando quería decirme algo, a mí, nunca lo hacía directamente, siempre utilizaba intermediarios (lo que complicaba un poco la comunicación). Tiempo después he tenido el PLACER de tenerlo como ponente en un curso y he de confesar que me agrado muy mucho ver esta otra faceta (mucho más asequible) suya.

También he tenido un jefe que me ha llamado a su despacho, con anterioridad a serlo, para decirme: “¿Cuándo acabas tu contrato? Porque al día siguiente te quiero aquí, conmigo”. El tiempo que estuve bajo sus órdenes hubo momentos en los que tuve que trabajar a lomo caliente (al día le faltaban horas) pero también tuvimos tiempo para echarnos unas risas, para contarnos cosas, para alguna celebración e, incluso, para que me echara alguna bronca por haber ido a trabajar medio enferma.

Durante un corto espacio de tiempo, tuve un jefe ausente (por motivos personales graves) pero con quien hablaba a menudo por tfno y con quien quedaba en domingo (fuera de horario laboral y sin remunerar) para que me solucionara pequeñas dudas, surgidas durante la semana, y me firmara todo lo que le había preparado.

Con algún jefe coges más confianza, te llega a aguantar tus lágrimas, tus preocupaciones y tus problemas, aconsejándote, se preocupa por ti, lucha por ti y con quien creas un vínculo más allá del laboral

Otro jefe, simplemente, paso. No daba mal ni incordiaba, dijo que venía con la intención de no cambiar nada (porque funcionaba bien) y así fue. Compartimos el café de primera hora de la mañana, los pitis y hasta algún viaje. Un jefe que vivía y dejaba vivir.

Pero los hay que no viven ni dejan vivir (aunque, en principio, hubieran dicho lo contrario). No hacen su función (¿por falta de preparación?) pero te entorpecen en tu trabajo diario, hasta puntos insospechados. Son jefes a los que los oyes hablar y parece que el mundo se mueva gracias a ellos pero en el momento en que empiezan a actuar esa imagen, que se han fabricado, se cae al suelo por si sola. A estos hay que SUFRIRLOS de la mejor forma posible, intentando evitar que te provoquen una contractura, una úlcera o estreñimiento crónico.

En general he tenido buenos jefes (lo que excluye a los jefazos y jefecillos). Sé que, todavía, me quedan unos cuantos más por conocer… así que deseosa estoy de cambiar, de nuevo, de jefe.

9 comentarios:

McGrau dijo...

pues no te digo nada si hubieses tenido a mi último jefe... con ese no tenías ni tiempo para respirar, es más, siempre te salía con esas de que si haces cinco minutos menos de descanso para almorza aprovechas mejor la mañana...

McGrau dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Dina dijo...

Mc, a algunos jefes hay que sufrirlos en silencio (como a las almorranas)

B Dark Pink dijo...

Tema intenso el de los jefes.
Yo he tenido una buena colección de ellos también; pero, para mi, el que se quiere llamar jefe, como el que quiera que le llamen maestro o profesor, se tiene que ganar el rango.

Jefe, ¿por qué? ¿por que firma la nómina?pfffff un jefe debe ser un líder y sobre liderazgo, bien y mal entendido, podemos hablar largo y tendido.

La mayoría de los empresarios de la vieja guardia, que, gracias a lo que sea, ya va en descenso, confunde liderazgo con paternalismo y autoritarismo; y así nos va.

Menos mal que las cosas van cambiando, pero la mentalidad empresarial es casi más lenta que el sistema judicial español.

Y hasta aquí puedo leer.

Besos y feliz nuevo jefe.

Chuk. dijo...

No hay como el que es jefe de si mismo. Aunque algunos en esa faceta son demasiado exigentes y terminan por no soportarse.
Yo he tenido, y continuo teniendo, unos jefes que un dia quisieron ser mis amigos; mala idea.
Un beso Dina.

la maru dijo...

La mayoría de jefes que he tenido, han sido de esos que nunca están, ni física ni mentalmente hablando. Tenías que tomar las decisiones por ellos y nunca te resolvían nada. Como dicen Bdarkpink sólo te daban a firmar la nómina.

Dina dijo...

B Dark Pink, no se si el Jefe nace o se hace, pero estamos de acuerdo en que no todo el mundo sabe hacerlo. Los buenos jefes saben motivar a su equipo, son duros cuando tienen que serlo y te puedes tomar una copa con ellos tranquilamente.

Creo que, por desgracia, aún voy a tener que esperar un tiempo (que espero no sea demasiado largo) para llegar a conocer a un nuevo jefe.

Chuck, para ser tu propio jefe tambien hay que nacer para ello; ser tu propio jefe significa estar 24 horas al día pendiente del trabajo... uuuuuuuuuuf, por la experiencia vivida NO QUIERO VOLVER A SER MI PROPIO JEFE NUNCA JAMAS.

He conocido jefes que son amigos de sus subordinados pero hay que ser de una pasta especial para poder hacerlo (estamos en las mismas, no todo el mundo es capaz de ello) y, desde luego, no forzar la situación.

Maru, a mi no me molesta tener que tomar decisiones (aunque eso no entre dentro de mi salario), lo prefiero a que se entrometan en mi forma de trabajar y me compliquen, tontamente, mi trabajo.

Aspective dijo...

También he conocido muchos. Por mi trabajo eran jefazos de multinacionales, la mayoría extrajeros. Y no se diferenciaban mucho de los nacionales.
Eran personas que exportaban sus manias, miedos, y esperanzas, sus inseguridades y buenos aspectos a sus facetas de jefes.
Que los que te faltan por conocer sean buenos jefes...

Dina dijo...

Aspective, a fecha de hoy me conformo con cambiar de jefe (ya que estoy seguro que a peor ya no puedo ir) y, si puedo elegir, que ese jefe sea mujer, porfi porfi porfi.

Podemos hacer un trato, tu me pasas el nombre y dirección de esos jefes y les hago una visita y tu haces lo mismo con el mío ¿vale?