jueves, 3 de enero de 2013

Descubriendo





Ira-odio-rencor, sentimientos que no recordaba haber tenido

Ira-odio-rencor, sentimientos que él le mostró.

No sabía manejarlos, no quería sentirlos, no le permitían ordenar sus ideas ni seguir sus rutinas pero debía experimentarlos, debía aprender a introducirlos en su vida y convivir con ellos.

No le había molestado el hecho cometido, no le había molestado el descubrirlo. Le enfureció el cinismo* con el que negó todo. ¿No se daba cuenta que las pruebas lo mostraban con las ropas ensangrentadas, un cuchillo en la mano y sobre la víctima mientras le clavaba el cuchillo? ¿no se daba cuenta que no era creíble que había sido culpa de la victima (que se tiro encima del cuchillo para clavárselo... asins 30 veces seguidas, como en el chiste)?

Todas las piezas del puzzle encajaban en ese instante a la perfección. Todas esas acusaciones eran productos de sus actos volcados en ella, debió pensar que las culpas compartidas (al igual que las penas) eran menos culpas. Se cree el ladrón que todos son de su condición, es la frase que le venía una y otra vez a la cabeza.

Ira-odio-rencor, sentimientos que únicamente necesitaban un “Ups, me has pillado” para que se esfumaran por completo

*Cinismo: Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables. (www.rae.es)