lunes, 25 de julio de 2011

Ana

En esta ocasión Florencio ha recogido el guante y... guuuuuuuuuau... tenéis que leerlo hasta el final si o si
Cuando llegó a casa lo primero que hizo fue desnudarse, dejó la ropa desperdigada por el salón, al modo desastrado que solo las personas solteras se pueden permitir, el mayor placer fue sentir los pies libres después de una jornada laboral de más de 10 horas. Había sido un día duro, estaba agotada, no le apetecía nada, ni siquiera cenar. Sin embargo en un milisegundo, con la clásica clarividencia de las resoluciones instantáneas, decidió qué iba a hacer, fue al baño, empezó a llenar la bañera y fue a la cocina a por el helado que guardaba para las ocasiones especiales. Tres chocolates, negro, con leche y trocitos crujientes con un toque a naranja, se sirvió un generoso bol mientras escuchaba cómo el agua iba llenando la bañera, se quitó la ropa interior y la metió en la cesta de la ropa. Con movimientos de felino cansado se fue hacia el baño, el agua apenas había subido cuatro dedos, echó las sales de baño, olor musgo blanco, y aunque el agua apenas cubriera le dio igual, no quería estar de pie ni un minuto más.


Se sentó y apoyó la espalda, era una bañera grande, podía estirar los pies y no llegaba al grifo, las sales todavía no se habían deshecho del todo y las sintió contra su piel al sentarse, pero no le importó, había llegado el momento del día en el que no quería preocuparse por nada. Había dejado el helado en una bandeja, era lo suficientemente larga como para poder cruzarla encima de la bañera y que quedara a la altura de su pecho, comenzó a comer el helado, con los ojos cerrados, disfrutando del momento, mientras sentía cómo el agua iba subiendo poco a poco.
El cretino de su jefe le había dado el día, en un tiempo habían sido amigos, de hecho consiguió el trabajo porque él era amigo del que entonces era su marido. Cuando Ana se divorció su jefe inició la clásica estrategia del amigo consolador, tuvieron sexo ocasional, pero a ella no le terminó de convencer y dejó la relación pensando que no afectaría ni a su relación ni al trabajo. Craso error, desde hacía 7 meses Ana estaba buscando otro trabajo sin conseguirlo, mientras tanto trabajaba como una mula para que elidiotadepichacortadeVicente no hiciera más que echarle broncas delante de todo el mundo para luego en privado pedirle con ojos de cordero degollado que volvieran.
Mientras estaba pensando en eso descubrió que se había acabado el helado y que el agua estaba a punto de desbordar. Cerró el grifo, dejó la bandeja en el suelo y sumergió la cabeza. Al salir se dio cuenta de que tenía las manos las ingles, de forma natural, como si fuera un bebé, empezó a acariciarse, le apetecía disfrutarse. Sin embargo a pesar de jugar como solía hacerlo, conociéndose a la perfección como se conocía, parecía que no reaccionaba, paró un momento y se puso a bucear en su memoria momentos placenteros.
Aquel viaje a Valencia desde Uesca en tren cuando tenía 15 años, fue uno de sus primeros viajes sola, iba a ver a sus primos en unas navidades, el tren tardaba unas siete horas y pico en llegar a Valencia, se había estropeado la calefacción y hacía un frío que pelaba. En Zaragoza se subió a su vagón un chico de unos 20 años, rubio, alto, de complexión fuerte y gafas metálicas redondas. Al cabo de un rato la empezó a hablar en inglés y en un pésimo castellano, era alemán y estaba recorriendo la península en tren, llevaba una mochila enorme y en un momento dado sacó una manta, se cubrió con ella e invitó a Ana a guarecerse con él. Quedaban más de tres horas de viaje así que fue a abrigarse a su lado. No sabía todavía cómo había ocurrido, pero sus manos terminaron entrelazándose debajo de la manta, él con cuidado y sin forzar, acercó la mano de Ana a su entrepierna mientras él, solícitamente, introducía la suya debajo de la falda. Fue muy curioso, no hubo ni un beso, casi ni se miraron, simplemente se dieron libertad de movimientos en sus respectiva áreas. Él tenía experiencia, era muy hábil, sabía jugar con los ritmos, tenía unos dedos larguísimos, como de pianista y una destreza al moverlos que ya hubiera deseado un prestidigitador. Ella apenas si sabía qué hacer, en algún momento creyó que hasta le hacía daño, pero luego comprendió que eran gemidos de placer. Estuvieron así, jugando, con pausas, hasta que llegaron a la estación de Valencia. No volvió a verle, ni le preguntó el nombre, pero fue una experiencia que la acompañaría ya para siempre.
Ya estaba algo más animada, recordó rápidamente a su primer novio, un chavalín con el que se desvirgó más por curiosidad que por amor o necesidad, no era muy bueno en esos menesteres y después de un verano lo dejaron, su ex marido no merecía la pena ser recordado, pero Julián era otra cosa.
Conoció a Julián en las fiestas de Urbiés, un pueblo cercano al que solía pasar los veranos con sus padres. Su marido estaba de viaje de negocios en Polonia y estaba pasando el verano sola. Julián era de Barcelona, alto, pelo castaño ensortijado, delgado y con unos ojos negros profundos y penetrantes. Ana estaba en la barra, cuando de repente Julián la agarró del brazo y le dijo al oído:
-        Necesito un favor, por favor, sígueme la corriente – Ella asintió tras ver unos ojos que le parecieron sinceros.


-        Soy Ana.
-        Yo Julián – dijo sonriendo.
Acto seguido la arrastró hasta un grupo de mujeres y la presentó como su pareja, ella sonrió y actuó  con naturalidad.
Después tomaron una cerveza y Julián le explicó que estaba esperando a una amiga para que se hiciera pasar por su pareja para así callar a su madre y a sus tías, pero no había aparecido.
-        ¿Eres gay? – Preguntó Ana.
-        No – contestó riendo – nada de eso, simplemente me cuesta encontrar una pareja estable por culpa de mi trabajo.
-        ¿Qué trabajo es ese?
Julián agachó la cabeza, sonrió, bebió de su vaso de cerveza y tardó en contestar.
-        Soy… actor porno – dijo bajando la voz hasta hacerse casi inaudible. Ana sonrió, esto sí que no se lo esperaba.
-        ¿Y qué tal te va?
-        Muy bien la verdad.
-        Y cómo es eso, ¿te lo pasas bien en los rodajes?
-        En general sí, pero a veces es demasiado frío y mecánico. Y en un milisegundo, con la clásica clarividencia de las resoluciones instantáneas, Ana le disparó.
-        ¿Quieres comportarte fría y mecánicamente conmigo esta noche? – Julián calló sorprendido mientras miraba a la sonriente desconocida, pero luego él también sonrió – Lo haremos lo menos frío y mecánico posible.
Julián la llevó a su casa, una vieja construcción en el pueblo que había heredado de un tío suyo. La subió en brazos a la alcoba principal, donde había una cama enorme, antigua, de forja y con colchón de lana, desde entonces, el olor a lana, tan raro de encontrar en estos tiempos, siempre la había excitado, depositó a Ana en medio de la cama y se fue despacio a cerrar la puerta. Ella estaba agitada, nunca había sido infiel a su marido, pero esa noche necesitaba algo más que una cama vacía. Julián la miró desde la puerta, se quitó la camisa, dejando ver un torso sin vello, terso, musculado sin llegar a estar atrofiado, moreno y con una fina línea de pelos que le bajaban desde el ombligo hasta la cintura del pantalón vaquero. Se acercó a la cama y comenzó a desabrochar la blusa de Ana, ésta sintió un pequeño ataque de pánico, quiso irse, pero cerró los ojos y notó como le terminaba de quitar la camisa y comenzaba a desabrocharle el sujetador. Le besó los senos y los pezones, que estaban erectos, valientes, listos para la batalla, le quitó los zapatos y le desabrochó el pantalón, se lo quitó rápida pero cuidadosamente. Pegó la boca a las braguitas y justo encima de su sexo comenzó a soplar lentamente, un aire cálido, que alentaba, pero que no progresaba. Se irguió, se puso a su lado y la besó, su mano bajó de los pechos a la cintura y de la cintura a los labios, jugó, deslizó, introdujo, a veces todo a la vez, bruscamente se separó de ella, le quitó las bragas y le practicó el mejor sexo oral que jamás había experimentado, introducía la lengua con profundidad, le succionó el clítoris hasta el límite del dolor, se frotó con su barba de tres días, produciéndole una sensación que jamás había sentido, la llevaba al borde del clímax y medio segundo antes paraba, estuvo más de cinco minutos jugando a volverla loca de placer, llevándola al borde del precipicio pero sin dejarla caer, de repente paró. Le brillaban los ojos, definitivamente no estaba actuando mecánicamente, se levantó, se quedó al borde de la cama y se desabrochó el pantalón, el bulto que se le marcaba en los calzoncillos sorprendió a Ana, cuando se los quitó vio que tenía unos veinte centímetros de miembro, erecto, desafiante, ella se acercó, lo acarició, estaba duro como el acero y muy caliente, casi le pareció que ardía, se lo introdujo en la boca, él gimió suavemente, no le cabía más que el primer tercio, se esmeró al máximo, le gustaba la sensación de tenerlo entre sus dientes, le daba mordisquitos y observaba cómo reaccionaba. Ella se acariciaba mientras jugaba con la polla de Julián, no quería dejarse llevar todavía, quería que durase más, súbitamente él se separó de la cama, se acercó a la mesita y se puso un preservativo, hizo levantar a Ana de la cama, la puso a horcajadas mientras él estaba de pie y la penetró, fue desde el principio un movimiento fuerte, con rabia en ocasiones, Ana, en la posición en la que estaba se dejaba hacer, notaba como entraba y salía mientras se abrazada a Julián como si fuera un koala, en ocasiones notaba cómo llegaba hasta el fondo, sintiendo una mezcla de dolor y placer. Siguieron, cambiaron de posición, ella abajo, arriba, a cuatro patas, de lado, una breve vuelta al sexo oral y unas últimas acometidas hasta que por fin no tuvieron más aliento.
Ana acababa de volver de su viaje al pasado, estaba en la bañera, relajada, acalorada, cansada, dispuesta a irse a la cama con una sonrisa y habiendo olvidado el infierno de día que había pasado.

12 comentarios:

Manuel Trujillo Berges dijo...

Pues por lo menos a mí me ha gustado mucho. Felicidades, Florencio....

Dina dijo...

Manuel, no preguntaré hasta que punto te ha gustado... que una es todo un caballero, jajaja
La verdad que... que... uuuuuuuuuuuuffffffffffff

Manuel Trujillo Berges dijo...

Bueno, el hecho que yo salga ahora del cuarto de baño no tiene nada que ver con la lectura del texto, por supuesto.

Dina dijo...

Manuel, no seré yo la que señale con el dedito... que ya se sabe que los dedos los carga el diablo y los disparan los fatos, jajaja

Manuel Trujillo Berges dijo...

Yo pensaba que lo que cargaba el diablo eran los dados...XD....

la maru dijo...

Precioso relato. Muy sensual y sexual. Me ha encantado Florencio.
saludos

Dina dijo...

Manuel, se rumorea que esos también.

Maru, le vamos a pedir un autógrafo antes de qu'el crio se nos haga famoso

Florencio dijo...

Gracias a los que ha gustado el texto. Sigo sin estar del todo contento pero bueno, lo quiero como a un hijo.

;-)

Dina dijo...

Florencio, las gracias a ti por habernos dejado disfrutar (en todos los sentidos, jeje) de tu relato... y puedes sentirte orgulloso, bien orgulloso de él

abajolasopos dijo...

Está estupendo. Sólo que la protagonista no debería maravillarse por el tamaño de los atributos de un actor porno, total, él avisó, es actor porno XD

Dina dijo...

abajolasopos, bienvenida por estos lugares.
Dicen que la televisión engorda... supongo que el comprobar que es real es lo que le sorprendio

Yashira dijo...

Genial el relato, pasé por casualidad, y me quedé a leer,
uhm, casi me puse a llenar también la bañera.

Muy sensual y sugerente. Felicitaciones.