miércoles, 20 de julio de 2011

LA NOCHE MÁS DESEADA…

En ocasiones pido que me escriban un post... hay quien me hace caso y hay quien no (y no estoy señalando a nadie...)... Aquí os dejo mi "Firma Invitada", disfrutarla... si el autor/a quiere darse a conocer lo dejo enteramente en sus manos



"Era viernes, a media tarde, cuando llegó a la ciudad. Sabía que llegaba muy justo de tiempo, casi tarde, y estaba nervioso, porque por fin la iba a conocer. Llevaban un tiempo hablando e insinuándose a través de Internet, pero nada puede suplir a ese primer contacto visual, cuando esos pequeños gestos compartidos les hacen saber a los dos si se han equivocado al valorar al otro o si han acertado. Miró el paquete envuelto para regalo que llevaba en el asiento del pasajero y sonrió, pasándolo al asiento de atrás.

Mirando el mapa de la ciudad, llegó al lugar exacto de la cita. Tarde, llegaba 10 minutos tarde, pero ella estaba allí, esperándolo en esa calurosa tarde de julio. Cuando la vio, supo que no se había equivocado, pero hacía falta ver cuál sería la reacción de ella. Ella se acercó al coche con una sonrisa radiante, y él suspiró con alivio, porque leyó la apreciación en sus ojos cuando subió al coche. Un par de besos y un instante de silencio mirándose el uno al otro…. Pero no era un silencio incómodo, sino un instante de silencio compartido, así que los dos se pusieron a hablar a la vez, para parar y dejar hablar al otro. Los dos se echaron a reír.

Arrancó el coche, y cuando ya iban de camino se acordó de la caja de regalo, que había pasado al asiento de atrás antes de recogerla a ella. Le comentó que le llevaba el regalo que ella le había pedido y con una sonrisa de picardía le dijo que si lo iba a estrenar ese día. Ella, con otra sonrisa de picardía, le dijo que sí, que buscase un lugar discreto donde poder estrenarlas. Cuando paró el coche, ella le pidió que bajase y la dejase sola, pero él le respondió que no, que si le hubiera regalado un collar sería él quien se lo abrochase en el cuello y que si le hubiera regalado un anillo hubiera sido él quien se lo hubiera ceñido en el dedo, así que también era a él a quien le correspondía colocarle el regalo que ella le había pedido.

Ella le miró, sorprendida por un instante, pero enseguida se echó a reír y le dijo que vale, que de acuerdo. Lo miró mientras sentía crecer la excitación en su interior. Desenvolvió el regalo y abrió la caja, entregándole a él el contenido con una sonrisa. Luego, se subió el vestido, y él bajó lentamente sus bragas acariciándola para dilatarla hasta que ella estuvo a punto para introducir la primera bola, y después la segunda, lentamente, como si estuviera amándola por primera vez. Cuando acabó, besó la zona alrededor del cordón y volvió a colocarle las bragas. Siguieron viaje, sintiendo ambos que habían compartido por primera vez un contacto erótico físico y ya no virtual.

Aunque aún había muchos kilómetros por hacer, el viaje pasó enseguida. Conversación plagada de dobles sentidos, sonrisas, guiños de complicidad y risas fueron lo que hizo que llegasen casi sin darse cuenta. Bajaron, y empezaron a pasear por el lugar de destino, un pueblo a donde él le había propuesto que viajasen. Sin darse cuenta lo hacían uno junto a otro acompasando su caminar y ninguno de los dos era consciente del lazo que ya se había creado entre los dos, aunque sí de que estaban disfrutando enormemente de ese primer paseo juntos, de nuevo con risas, bromas y pequeños gestos de ternura.

Pasaron caminando bajo el pasadizo de la iglesia de San Esteban y desembocaron en la plaza, con la balconada con vista al Pirineo. Estaba cayendo la noche, pero aún eran visibles el valle y las montañas, y allí estuvieron, en silencio, uno junto a otro, sintiendo el goce de ese momento de silencio cómplice. Había refrescado, y ella rodeó la cintura de él y se acurrucó, a la vez que él correspondió al gesto, revolviéndole suavemente además el pelo con su mano. Se miraron el uno al otro y no hubo necesidad de palabras para regalarse mutuamente un primer beso. Cogidos de la cintura, caminaron hacia el restaurante, sin prisas, deleitándose del momento.

En el restaurante ya les esperaban, recibiéndolos con una sonrisa, que se agigantó al ver cómo se miraban el uno al otro. Una pequeña mesa en un rincón, con unas preciosas vistas hacia la montaña por encima de la muralla, vistas de las que ninguno de los dos fue consciente porque sólo tenían ojos el uno para el otro. Una espléndida cena, de esas que ninguno de los dos podría jamás olvidar, y después volvieron a pasear por el pueblo, callejeando sin rumbo y sin prisas, abrazados. Hablaban, sonreían, se reían y se besaban, como lo que en realidad ya eran, dos amantes aprendiendo todavía a conocerse.

Unas cervezas en la plaza del pueblo, pero los dos empezaban cada vez más a sentir prisas y urgencias el uno del otro, así que se dirigieron hacia el coche para ir al pueblo de él, que estaba muy cerca. Esta vez el viaje, aunque sólo duró media hora escasa, se les hizo muy largo a los dos… Bajaron del coche y se dirigieron hacia la casa de él, cogidos de la mano. Él sacó la llave y abrió la puerta, invitándola con un gesto a entrar. Entraron y subieron al piso de arriba, dirigiéndose directamente a la habitación. Se miraron ante la cama, se sonrieron y empezaron lentamente a desvestirse el uno al otro, con dulzura, saboreando cada instante y cada gesto, para terminar ambos desnudos sobre la cama, besándose y empezando a conocer cada uno el cuerpo del otro.


Entonces él lentamente extrajo de ella el regalo, aprovechando una vez más para besarla con ternura mientras ella acariciaba su cabeza. Se miraron y se volvieron a besar, deseando ambos empaparse del sabor del otro como parte del proceso de conocimiento mutuo. Nunca ninguno de los dos había sentido nada parecido, nada tan intenso. Y entonces, de repente, él se despertó…."

8 comentarios:

Manuel Trujillo Berges dijo...

Atendiendo a la invitación de Dina, asumo la autoría de la entrada de autos en este blog....

Dina dijo...

Te leo valiente, jajaja... ya he hecho el oportuno cambio para que lleguen a ti

Manuel Trujillo Berges dijo...

"Audaces fortuna iuvat", decía Virgilio en la "Eneida"....

josefina dijo...

ufff, que bonito por un momento yo tambien he soñado.....
Un beso, te mandaré un correo.

Manuel Trujillo Berges dijo...

Gracias por la visita y por el comentario doble, me alegro de que te haya gustado. Otro beso, de vuelta,

Dina dijo...

Josefina, me alegra que te haya gustado.
Lo espero, guapa, cuidate

Anónimo dijo...

Hola!!mr puedes decir quién es el autor de éste cuadro???es q me estoy volviendo loca buscando.

Gracias

Dina dijo...

Siento no poder ayudarte, Anónimo, es una imagen cogida al azar porque me gusto especialmente...