sábado, 9 de marzo de 2013

Dominación


Cuando se las mostraron inmediatamente pensó en él… no tenía dudas: ¡¡las compraría!!

Al llegar a casa tiempo le falto para ponerse en contacto: una foto sugerente junto a una invitación para estrenarlo… y el deseo de que él aceptara la proposición.

Saco de nuevo la caja del armario, extendió su contenido sobre la cama y comenzó a imaginar todo aquello que le gustaría que sucediera.



No podía explicar el porque ese objeto sólo era capaz de asociarlo a una única persona, únicamente con él podría utilizarlo… si no era con él jamás podría usarlas.

Podía ser un juego peligroso pero ese flirteo con la dominación la excitaba; no sólo disfrutaba del momento del juego, lo comenzaba a disfrutar mientras lo imaginaba y cada vez que lo revivía… el respingo de aquel primer cachete, la excitación de tener los ojos vendados sin poder adivinar las intenciones, como sufrían con aquella pequeña fusta que adquirieron… como coqueteaban con la sensación placer-dolor y esa fina línea que los separaba...

Esto sería un paso más allá pero de los dos ¿quién sería el primero en dejarse atar? pensó para si que, si él lo permitía, ella quería ser la primera en ser atada, la primera en ponerse en manos de la otra persona y de todo aquello que le quisiera hacer.



Cerró los ojos y comenzó a planearlo. Cuando él llegara lo haría pasar sin perdida de tiempo al dormitorio, sobre la cama tendría preparadas las esposas junto con todos aquello que pudieran necesitar.

Él cubriría sus ojos, de modo que en ningún momento pudiera ver cual sería lo siguiente que le hiciera. Le quitaría la poca ropa que llevaba puesta, dejando al descubierto todo su cuerpo y comenzaría a ajustar las esposas a sus muñecas y tobillos.

Las ventosas permitían muchas posibilidades: podría inmovilizarla en la puerta del balcón (para que la pudieran ver), podría inmovilizar las manos y los pies entre si, podría unir cada mano con su pie correspondiente, podría fijar las manos al cabecero, la podría inmovilizar en la ducha… las posibilidades eran casi infinitas, cada combinación le hacía imaginar todo lo que podría suceder, todas las formas en las que podría “utilizar” su cuerpo para el placer…



De pronto se sorprendió jadeando… su imaginación la había llevado casi al orgasmo… pensó en terminar el trabajito pero no… prefirió no hacerlo, esperaría un poco más, así la “sesión” sería más intensa…

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