Día 5. Etapa 4: el Santi se levantó enojau

 Hoy también hicimos cosas de peregrinos (madrugar, desayunar como si no hubiéramos comido en tres semanas y tirarnos al camino, eso sí ya había luz) 

Como gracias a la perregrina estamos siendo peregrinas pijas y ayer tocó apartamento super chulo con lavadora-secadora, aprovechamos para hacer la colada free. Por lo que hoy hemos salido de casa que oliamos bien (si, ¿que pasa? estábamos reciclando la ropa de un día para otro, es lo que tiene economizar en peso, que los recursos son limitados)

Se suponía que no empezaría a llover hasta eso de las 15:00 h pues... mentira cochina, el Santi debía estar enfadado con algún peregrino (con nosotras fijo que no, nos aprecia y nos cuida todo lo que puede), a la medida hora de empezar a andar ha empezado a llover, ¡¡dos horas lloviendo!! sin parar. Ante el riesgo de congelación de una peregrina ha habido que hacer una parada de emergencia, poniendo en riesgo nuestra vida en una casa en medio de la nada que se caía a piazos, para cambiar pantalones y calcetines, tras eso...un solete que lo flipas y un calor que te mueres (por estás cosicas sé que el Santiño nos aprecia y quería que entráramos rápidamente en calor) 

Entre unas cosas y otras ya se empezaba a abrir el agujero en el estómago pidiendo materia prima. Los bares brillaban por su ausencia, ya no pedíamos ni unas condiciones mínimas de higiene, simplemente que estuvieran abiertos y tuvieran algo a lo que clavar el diente y... Apareció el oasis en el desierto, ¡¡UN BAR!! con terracita cubierta. Ha sido entrar a la terraza, despojarnos de la mochila y el Santi ha abierto el grifo al máximo, miedo daba lo que estaba cayendo y ver cómo iban llegando grupos de peregrinos empapados hasta las orejas (otra prueba más de que Santi nos aprecia mogollón y no nos iba a hacer pasar por semejante experiencia) 

El bar super barato, de lo barato le he vuelto a preguntar por el precio (ha debido pensar que me estaba quejando) y aún se ha disculpado porque se había confundido y me ha contado 40 céntimos menos, fliiipa. Y el pincho de tortilla espectacular.

En previsión de que podía volver a llover y eso de sacar el culete al aire con lluvia es un poco desagradable, me he ido al WC a vaciar mi vejiga. He llegado justo a tiempo de ver cómo entraba una persona al baño y otros dos peregrinos pijos se quedaban en puertas. Hojiplática me ha dejado la peregrina pija cuando ha considerado que la persona que había entrado antes debía salir y ha empezado a aporrear la puerta, como si fuera un sábado noche cualquiera a las 3 de la madrugada. 

Como había que aprovechar esa pequeña tregua sin lluvia nos hemos lanzado de nuevo a nuestros quehaceres, andar andar y andar. 

Una de las cosas que estoy echando en falta en este camino son los cementerios, además  los pocos que he visto pues como que son muy planos, que no les encuentro ninguna gracia en especial. Y como bien se sabe, no hay más que echar en falta a algo o a alguien para que aparezca. Nuestra perregrina también se va alimentando a lo largo del camino, solemos buscar algún sitio cómodo, con bancos y, en esta ocasión por motivo de la lluvia, buscabamos algo con tejadillo (para podernos quitar tranquilamente las mochilas y cambiar calcetines que andaban algo mojadetes y bien sabido es que puede ser un entorno idóneo para las ampollas). Una vez acomodadas levantó la cabeza y contemplo unas vistas maravillosas, aquí dejo la prueba



El resto de etapa sin contratiempos:

  • La lluvia ha parado, ha vuelto tímidamente, se ha vuelto a ir y ha dejado un solete espectacular
  • Hemos adelantado a Peregrinos, nos han adelantado Peregrinos, le hemos vuelto a adelantar... Lo típico del camino, que todo el mundo te conoces sin saber cómo te llamas pero te alegras de verte 
  • Asfalto y más asfalto, pistas y más pistas, cuestas y más cuestas
  • Y llegada a la famosa Casa Avelina. Avelina tal y como la describen en RRSS, una señora encantadora que te trata como si fueras de la familia. Nos ha preparado un bocata de esos que te levantan el alma, nos ha puesto una banquetita para que pusiéramos los pies en alto, nos ha invitado a dos rondas de bizcocho e incluso nos hemos hecho una foto con ella. Lo dicho, un encanto de señora. 
En este modo peregrinas pijas que nos estamos gastando hoy nos venían a recoger en coche para que no andaramos ni medio metro más de lo imprescindible. El dueño muy majo, nos ha dado todas las indicaciones de uso y del como continuar mañana y ¡¡hasta le han puesto una camita chula a la perregrina!!



Duchita, unos masajitos de cremita para el cansancio de piernas y a enroscarse bajo las mantas para sobrellevar el frío que da y ... empieza a escucharse un extraño ruido cada vez más cerca; la perregrina valiente salta de la cama y se mete debajo; yo levanto la vista (recordatorio: estoy en la tercera planta, frente a la ventana, metida dentro de la cama) y me  la siguiente escena:







En las fotos no se aprecia del todo bien pero ha estado estático frente a mi ventana un rato largo, como en esas películas en que los malotes ametrallan desde un helicóptero un edificio en el que se encuentran los buenotes. Como es de imaginar me he guiñau una miajeta y me he planteado varias opciones:
  • Cerrar muy fuerte los ojos para ver si desaparecía 
  • Levantarme de un brinco y cerrar las cortinas para no ser un blanco fácil
  • Quedarme muy quieta para intentar que no me viera
  • Meterme bajo la cama, junto a la perregrina valiente
  • O levantarme de un brinco y descubrir cuáles eran sus intenciones
¿Os imagináis cual ha sido la opción escogida? Pues eso, como buena HTV había una única opción viable 😉

El helicóptero ha estacionado en el parking del hotel, ha estado un rato y se ha ido, no ha rescatado a nadie ni na. Mi teoría es que ha venido a echar un cafelito.

Hasta aquí llego la aventura de hoy, porque espero que en la cena no nos pase nada más... Porque en ese caso actualizaré inmediatamente. 

Y con esto y un bizcocho...



Comentarios

Entradas populares de este blog

No He Hecho Nada

Siempre Hay Un Motivo