martes, 27 de agosto de 2013

No Hay Una Sin Dos...

Dicen que no hay una sin dos... ni dos sin tres... La oficina me dio juego aunque, de momento, la historia no la finalice... os refresco la memoria mientras intento encontrar donde escribí el final


En La Oficina


¡¡¡Por fin!!! he acabado el trabajo que me ha llevado de calle toda la semana.

Mientras termino de recoger las cosas y apagar el ordenar, miro hacia la ventana... ¡¡¡Ya es de noches!!!... ¿qué hora es?. Miro el reloj, debería haber salido hace rato. Instintivamente, me giro hacia mis compañeros... no hay nadie, todos se han ido, soy la única que ha quedado en la oficina... me toca cerrar a mí.

Cuando me dirijo hacia la salida veo una luz encendida, me acerco para apagarla y... te veo allí, te has quedado trabajando... somos las dos únicas personas que nos hemos quedado.

Te miro, desde la puerta, y a mi memoria viene el recuerdo de aquella primera vez que nos vimos. Entre nosotros había una química especial, saltaron chispas; recuerdo el brillo en tus ojos cuando me mirabas e imagino el brillo en los míos al mirarte. JAMAS hemos hablado de ello, únicamente hemos tenido una relación laboral.

Mientras te observo noto que estas tenso, que estas preocupado y concentrado.

Estas sentado de espaldas a la puerta y no has notado mi presencia. Me acerco a ti, estoy tan cerca de ti que veo como están tensos los músculos de tus hombros... pongo mis manos sobre ellos y comienzo a darte un masaje. Intentas girarte para ver quien tienes tras de ti... con un rápido movimiento lo evito.

Eres listo, has comprendido que es un juego y cuales son las reglas.



Me quito el pañuelo, que llevo al cuello, y con él te tapo los ojos, así no podrás verme.

Sigo dándote el masaje en los hombros pero paro, quiero que sea realmente relajante para ti, te quito la corbata y te desabrocho la camisa.

Quiero verte, ahora estoy delante tuyo. Te empiezo a quitar la camisa y tu colaboras en ello. Me paro, unos segundos, a observarte bien, imaginaba lo que se escondía bajo la ropa pero, he de confesar, que la realidad supera a la imaginación.

Me humedezco los labios, me muerdo mi labio inferior... te besaría ahora mismo pero todo tiene su ritmo y su tiempo.

Estas expectante, no sabes quien esta contigo, no sabes que es lo siguiente que te voy a hacer, no sabes que te voy a dejar que hagas.

Vuelvo a tu espalda y continuo haciéndote el masaje, con mis manos, noto como te dejas llevar, como van desapareciendo las tensiones.

Mis manos bajan hacia tu pecho mientras mis labios empiezan a besarte la nuca... te gusta ¿verdad?. Paso mi lengua por el lóbulo de tu oreja, te la mordisqueo, tu respiración se acelera.

Echas los brazos hacia atrás, en un intento de tocar mis muslos. Te estas portando bien así que te lo permito.

No quiero hacerte sufrir, paso delante tuyo. Guió tus manos hacia mis pechos, me los acaricias suavemente. Buscas el contacto con mi piel, me quitas la camiseta y el sujetador. Sigues acariciándome, igual que yo a ti.

Me gusta mirarte, me gusta ver la expresión de tu rostro.

Con tus manos coges mi cara y acercas mis labios a los tuyos. Nos besamos apasionadamente, te mordisqueo el labio, me lo mordisqueas tu a mí.

Nuestras respiraciones están cada vez más agitadas, me gusta oírte.

Te quito el resto de ropa que te queda y empiezo a besarte, a lamerte... no quiero dejar ni un solo rinconcito, de ti, sin saborear. Empiezo por el cuello, voy bajando hacia tu pecho. Me entretengo mordisqueando tus pezones, sin sobrepasar el umbral del dolor, noto como se endurecen, casi tanto como los míos.

Sigo jugando con mi lengua, lamiéndote cada vez más abajo. Me entretengo en tu ombligo, me pides que continúe, sigo bajando, llego a tus ingles, con las que jugueteo buen rato. Noto tu excitación.

Me pides... me suplicas que te haga una felación. Yo te complazco, doy lo máximo de mí... me gusta oírte.

De pronto, me coges por los hombros y me pones en pie. Me quitas el resto de la ropa. Me pongo sobre ti. Empujas mi cuerpo para que este, completamente, en contacto con el tuyo pero... aun no, te voy a hacer sufrir un poquito más.

Mientras te introduzco dentro de mi me abrazas fuerte, me besas.

Somos como dos piezas de un puzzle que encajan a la perfección. Somos como el mecanismo de un reloj que se mueve sincronizadamente. Es como si hubiéramos hecho el amor siempre.

Nuestros cuerpos se agitan, disfrutamos del momento y ambos llegamos al orgasmo.

Continuamos unos minutos más unidos y acariciándonos el uno al otro, como si no quisiéramos que ese instante acabara jamás.

- ¿Quién eres? ¿Eres...
- Sssssssssssssssh – te interrumpo.

Intentas quitarte el pañuelo de los ojos y yo te lo impido. Vuelves a estar expectante... no sabes que va a pasar.

Recojo mi ropa, te doy un beso y me voy dejándote una nota:
"Pasa un placentero
fin de semana.
Besos”

23 comentarios:



En La Oficina (II)


<<...Recojo mi ropa, te doy un beso y me voy dejándote una nota



Pase todo el fin de semana pensando en aquel encuentro:

"¿Me habría dejado alguna pista olvidada?
¿Habrías descubierto a la misteriosa acompañante?
¿Qué pasaría el lunes?
¿Tendrías un buen recuerdo?
¿Cometerías alguna indiscreción?... " 

Sólo podía esperar que el tiempo pasara, era exasperante ver lo lentas que corrían las manecillas del reloj.

Nunca me había costado tan poco levantarme un lunes, parecía que había pulsado el botón de avance rápido y, antes de que me diera cuenta, ya estaba en la oficina. La curiosidad me reconcomía por dentro, quería ver tu cara al entrar, ¿qué expresión se reflejaría en ella?

El brillo de tus ojos no dejaba lugar a dudas, habías venido dispuesto a averiguar el nombre de tu amante furtiva. Me pareció divertida la situación, íbamos a jugar al ratón y al gato, ¿quién sería el ganador?

Por el rabillo del ojo, vi como nos ibas observando a todas, supongo que intentando visualizar ese cuerpo que habías acariciado, intentando encontrar aquellos labios que te habían besado, intentando descubrir aquellas manos que recorrieron tu piel. La situación me parecía divertida y, como un acto reflejo, se me dibujo una sonrisa en la cara.


Fueron pasando las horas y cada vez estabas más inquieto, supongo que te hubiera gustado preguntar pero ¿qué ibas a preguntar?: "¿Fuiste tú quien me hizo el amor el viernes en mi despacho?"... en el caso de no acertar no hubiera quedado bien.

A la hora del café estabas más comunicativo de lo habitual, todas lo comentamos, preguntando que tal nos había ido nuestro fin de semana, por nuestros trabajos, interesado en saber que habíamos hecho. Las respuestas no te ayudaron mucho… no te lo podía poner tan sencillo.

Tu curiosidad no fue disminuyendo conforme pasaban los días, se te veía decidido a averiguar quien se encontraba tras ese recuerdo. Este juego me estaba gustando más de lo que había imaginado, no quería que sufrieras más de lo necesario pero… me lo estaba pasando ¡¡tan bien!!

Por mi mente paso una maldad… “No, no lo hagas”, pensé, pero me resultaba tan atractiva la idea que no podía dejarla pasar. Sólo debía encontrar el momento oportuno… después te contaría toda la verdad, me prometí.

La ocasión se me sirvió en bandeja de plata, se organizó una cena improvisada a la que acudirían casi todos, ese sería el momento.

Aproveché una pequeña salida tuya para colarme en tu despacho y dejarte una nota que decía: 
“¿Quieres saber quien soy?

Esta noche quizás
puedas averiguarlo

Besos”

8 comentarios:

2 comentarios:

B. dijo...

Me acuerdo yo de esta historia, sí.
Sobre todo de la primera parte.
Ahí es cuando pensé que tienes talento y un estilo muy personal para este tipo de relatos.
Besos!

Dina dijo...

Jo, B, me voy a sonrojar... Muchas gracias, chiqui... a mi también me gusta tu estilo... tu vales mucho, nena :)