martes, 7 de julio de 2009

Pequeños Trucos


Casi más que trabajar entre papeles me gusta el trato con el público. Pero no el trato con esos clientes que se van contentos y agradecidos, lo que más me gusta es atender a esos clientes que tienen una actitud prepotente o agresiva o follonera (que, afortunadamente, en mi trabajo abundan)

Al principio, cuando me tocaba lidiar con un elemento de estos, había unos segundos en los que la sangre me llegaba a hervir, que hubiera saltado el mostrador y, directamente, les hubiera sacado los ojos.

Un día recordé un truquillo, que me habían dicho, para tratar con estos individuos, truquillo que, en un primer momento, descarte por completo, por parecerme demasiado simple y creer que no funcionaría.

Llegó un día en el que me dije "¿porque no lo pruebas? ¿que tienes que perder? poniéndote en el peor de los casos estarás igual que antes"

Comencé a ponerlo en práctica (aunque no confiaba demasiado en mi misma), me di cuenta que era capaz de aguantar la situación de la manera adecuada y que no me enfadaba ni décimas de segundo, comprobé que mientras el cliente estaba de subidón (intentando conseguir que te alteraras) daba información que luego se le podía volver contra él, que llegaba un momento que ese cliente adoptaba un tono de voz normal (más que nada, porque sabía que le estabas hablando pero como tú no elevabas la voz sus gritos tapaban tus palabras y no se enteraba de lo que le podías estar diciendo) y, este momento, es el adecuado para decirle lo que le tienes que decir y que agache las orejas.

Poco a poco, fui perfeccionando la técnica, vi que tenía facilidad para dominar estas situaciones y que, una vez finalizadas, sientes un gran subidón en tu autoestima.

Un día decidí poner en práctica esta táctica fuera del entorno laboral y... resulta que también funciona.

Así descubrí que el refrán "Dos no discuten si uno no quiere" es cierta... quizás la persona que tienes enfrente se agarre un mosqueo monumental (que se le tendrá que pasar por falta de leña) pero... tu te quedas fresca cual lechuga, sin malos rollos pero... con un montón de información, de la otra persona, que te ha dado voluntariamente y que, en caso de necesitarla, la podrás utilizar en el momento oportuno.

3 comentarios:

McGrau dijo...

me se yo de una vez que en uno de esos sitios en los que tienes que ir con hora previa concertada llegué al sitio en cuestion , me acerqué al mostrador y les pedí por favor que me dejasen pasar, muy amables las chicas vieron que podia haber hueco para mi y agradecido les dí las gracias y ellas hasta sonrieron... el caso es que una vez dentro no me trataron tan bien y estaban como lobos y yo como un autentico cordero para no desatar mas ira del personal... quiza precisamente por eso no fue mas grave el resultado jejejeje seguiremos informando

la maru dijo...

Qué reina! yo practico el "¿y qué?" para evitar que me hierva la sangre cuando alguno de mis "clientes", protesta alegando: "esto con Franco no pasaba". Y sí, tienes toda la razón. Esa táctica de bajar la voz cuando alguién grita como un poseso, funciona!

Dina dijo...

Mc, ves como es mejor ir en plan pacífico a los sitios... pa ladrar siempre estamos a tiempo.

Maru, es que tu brujo particular ha hecho un gran milagro con el "¿y que?".
Espectacular la frase de "esto con Franco no pasaba"... pero nos dejaste con las ganas de que saltaras por encima del mostrador, jajajaja.