lunes, 29 de noviembre de 2010

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De pronto algo salto en su cabeza y lo vio todo claro: ¡No le necesitaba!, realmente no le necesita y, quizás, jamás lo necesitó. La solución era así de simple y compleja a su vez, si la hubiera sabido encontrar antes se hubiera ahorrado muchas horas de sufrimiento intentando encontrar esa llave.

Intentó llenarse de rabia recordando aquellas palabras pronunciadas intencionadamente para hacer daño, recordando aquellas situaciones desagradables y como le hicieron sentir, recordando los reproches recibidos… ni tan siquiera consiguió sentir ese odio cuando le confirmaron que decía, de ella, todas esas barbaridades que ella ya imaginaba que decía. Se sentía orgullosa de no haber llegado a sentir odio ni rencor y de saber que jamás había dicho, a nadie, nada ofensivo de él.

Había aprendido a no echarle de menos, a no pensar en hacer posibles planes con él.

Se sentía satisfecha de no haber intentado olvidarle en brazos de otro.

El encontrar la llave la llenó de tranquilidad y felicidad.

Ahora, cuando mira al pasado, no siente ni alegría ni tristeza, ni frío ni calor, tan sólo lo recuerda como una etapa más de su vida, de la que ha aprendido muchas cosas.