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Gil-i-pollas

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¿Os habíais preguntado de donde viene la palabra? Si os soy sincera, yo NO … pero al recibir, hoy, este correo… no puedo por menos que compartirlo… curiosa historia del “palabro” En Madrid hay una calle llamada de Gil Imón, haciendo de travesaño entre el Paseo Imperial y la Ronda de Segovia, para más señas. Es una calle dedicada al que fue alcalde de la capital, D. Gil Imón, en los tiempos en que el duque de Osuna organizaba sus célebres bailes, a los que acudía la alta sociedad, para poner en el escaparate familiar a jovencitas de la buena cuna, como oferta casadera. A las damitas de entonces se les aplicaba el apelativo de "pollas", que en el Diccionario de laReal Academia Española llevan, como cuarta acepción , figurada y familiarmente, el significado de jovencitas, algo que hoy prácticamente se ignora. La polla de entonces no tenía nada que ver con el significado de morbosas connotaciones por el que ha sido sustituido ahora. El tal Don Gil era un personaje de relieve (...

¡¡¡Ya Llego!!!

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Yasieso... el lunes más

Te Perdono Porque Te Quiero, Me Alejo Porque Me Quiero

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Cada noche, al cerrar la puerta de su habitación le venía a la cabeza el recuerdo de aquella última noche. Repasaba todo lo que había pasado intentando comprender porque había acabado todo así. No buscaba culpables sólo intentaba encajar las piezas de aquel puzzle. Después de los días tan duros que había pasado ese momento le estaba resultando de lo más relajante, agradable y tierno. Estar abrazados, estar acariciando su cuerpo como demostración de afecto, de cariño, sin ninguna connotación sexual la terminó de enamorar de él. Estuvo a punto, un par de veces, de decirle aquellas palabras mágicas: “Te quiero” , aunque hubo algo en su interior que no se lo permitió, quizás intuía que tantos días en calma sólo podía presagiar una gran tormenta. No se confundía, sin saber muy bien cual fue el detonante, para esta ocasión, comenzó la tormenta, la peor de todas las vividas a su lado. En ningún momento temió por su integridad física pero la intensidad verbal y sus demostraciones l...

Así Semos

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A las personas nos atrae o nos disgusta la manera de ser de las personas que tenemos frente a nosotros. Cuando esa atracción (en positivo) culmina en relación (ya sea de amistad, sentimental, …) conlleva la aceptación de esa persona, con todos sus defectos y todas sus virtudes. Todos estamos de acuerdo en que existen comportamientos que puedes pedir que no hagan en tu presencia (“Joer, no te eches un cuesco mientras estamos comiendo”, por decir algo) y que tu, tan pronto seas consciente de ello, evitaras o suavizaras aquellas cosas que puedan molestar a la otra parte. Son pequeñas modificaciones que haces de una manera voluntaria. El problema es cuando quieren darte una mano de chapa y pintura; cuando quieren tunnear por completo tu manera de ser y de actuar convirtiéndote en otra persona (persona que, por cierto, odiarán en el futuro… ya que será un producto defectuoso) En una ocasión lo consiguieron, borraron mi sonrisa… sólo fui capaz de darme cuenta cuando volví a recuperarme ...

En Off

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Hace días que me apetece escribir un relato erótico-festivo y… que no hay manera, oiga. Si yo no tenía problemas… bueno, miento, tenía problemas a la hora de no hacerlos demasiado extensos pero por lo demás… oyes, que era ocurrírseme y en un par de pensamientos zas, allí estaba. Podía ser el cansancio de todo el año pero… ahora ya he vuelto de vacaciones y ¿dónde está la inspiración? La cosa es: no mes’escurre na que escribir… pero na de na… 

Sssssssssssshhhhhhhhhhhh... Guarden Silencio

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El Encuentro

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En esta ocasión (y en contra de mi voluntad) el autor quiere permanecer en el anonimato... joooooooooo. "Los dos amigos se encontraron en una cafetería discreta, en el barrio de Delicias en Zaragoza, se habían citado tras chatear, intercambiar misivas y flirtear un poco a través de Internet. Era un café tranquilo, no muy grande, que hasta hacía no mucho había sido una de las muchas “tabernas del pueblo” que jalonan ese barrio de la capital aragonesa. Aunque lo habían reformado hacía poco a coqueta cafetería, las paredes todavía parecían oler a los innumerable Farias fumados entre esas cuatro paredes, y en las esquinas todavía resonaban los ‘arrastro’ de las eternas partidas de guiñote de las tardes de los jubilados. - Me alegra un montón que hayas bajado al final, tenía dudas de que finalmente vinieras a verme – le dijo Silvia con la típica y sincera timidez de la persona que ha sido capaz de escribir las subidas de tono más descaradas en la pantalla de un ordenador. - ¡Cómo r...