domingo, 20 de julio de 2008

La Perdiz Fue Indultada (II)


Cuando ella lo conoció jamás hubiera podido imaginar lo que se le venía encima.

Fue un cúmulo de mentiras, de engaños, de montajes, de negaciones, de manipulación, de excusas, de coartadas...

Él aprovechó la aparente fortaleza de ella para usarla como bastón, como muleta. Volcó sobre ella sus problemas, sus preocupaciones, sus historias, sus malos rollos...

Ella se esforzó en sostener el peso, en ser una tabla de salvación.

Ella intentó huir en varias ocasiones sin ser capaz de hacerlo, sentía que él la necesitaba, sentía que no le debía abandonar.

Él le consumió, a ella, su tiempo, su entorno, su aire, sus sentimientos, su energía...

Ahora, cuando ella lo recuerda no se le dibuja una sonrisa en el rostro, ni una lágrima recorre su mejilla, ni tan siquiera le queda el poder pensar: “Fue bonito mientras duro”.

5 comentarios:

Dani dijo...

Pobreta. Hala, ya está. Ya pasó.

HombreRevenido dijo...

Hasta de la peor experiencia se extraen buenas enseñanzas. Ella seguirá adelante y será feliz, aunque coma ensalada.

Este cuento acaba bien, que yo me he leído el libro.

Dina dijo...

Dani, bienvenido... ¿que tal fueron las vacaciones?
A mi tambien me da lástima, pobriña, pero deseguro que es lo suficientemente fuerte pa recuperarse... Eso es lo bueno... siempre se puede modificar el final a tu antojo.

Reve, ¿ya te has leido todo el cuento?... Ostras, que rápido... pero, no deberías haber desvelado el final... me gusta el suspense.

Carburo dijo...

Algún día un cazador le meterá dos postazos a esa perdiz... y escabechada va a estar ... rica, rica... ¡¡¡

Dina dijo...

Carburo, hombre no... esto no se dice... esto no se le dice a alguien que tuvo dos perdices domesticadas en su casa, que los domingos nos las llevábamos al campo, que compartieron cumpleaños, navidades y fiestas de guardar con nosotros... que mes'a encogio el corasón